Cita del mes
“El periodismo o es libre o es una farsa”Rodolfo Walsh
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viernes, 28 de marzo de 2014
Ser Periodista: Reinaldo Cedeño Pineda
PERIODISMO POR DENTRO----- Nunca supe como salí de aquel trance, como pude cumplir semejante encomienda, como me pillaron desprevenido... ¡¿como?!...
Debí correr, lo admito, cuando divisé en la distancia el dedo posándose en mi hombro y a renglón seguido, aquellos pasos. Debí correr, pero me quedé, anonadado, hundido más bien en el incómodo banco... Si yo estaba allí, ¿Qué otro podía pedir duelo?... No tendré que insistir en la sorpresa descomunal, en el mazazo. Y cuando aquel señor, entre severo y suplicante vio en mi rostro la mueca, la duda más rotunda, el no en la punta de la lengua me espetó un demoledor... pero... ¡Usted es periodista!, ¿no?...
A la parálisis sobrevino la acción. Tomé papel y lápiz, realicé unas entrevistas inoportunas y sumarias, garabateé la despedida de duelo por encargo... y hasta escuché decir a la salida, que la mismísima difunta me había pedido decir las últimas palabras ante sus restos.
Y es que eso es ser periodista, como una marca de nacimiento te sigue adondequiera vayas, como tu propia sombra...
Ser periodista sustituirá tu nombre para siempre.
Nadie tendrá problema alguno para dirigirse a ti, le basta un Oiga, periodista... y te garantizo , cuando voltees el rostro, te habrás convertido en consejero, confesor, bibliotecario, maestro, siquiatra, historiador - en el mejor de los casos, porque al fin y al cabo sigues siendo en el área de humanidades- pero no te enredes, como no, te harán entrar en la vida resolutiva, y harás las veces de arquitecto, electricista, plomero, diputado y hasta gurú...
¡Detente! Tendrás que dar aliento a quien confió en ti aún sin conocerte, porque para algo eres periodista. A veces, resultas la última esperanza, la persona se ha quedado sin mas a quien acudir...
Y querrás ser Dios, pero eres apenas un periodista.
El Gabo afirma que escribir es el oficio mas solitario del mundo; pero las ideas tienen su ocasión, muévete un solo milímetro y verás. Verdad que nadie te dictará los verbos ni los párrafos; pero la redacción es un taller a punto de estallar, sin torres ni marfiles.
El periodista siempre estará acompañado, sobre todo evaluado. Lo hace tu jefe cuando te encomienda una entrevista. Lo hará el entrevistado ante tus preguntas, lo hará el corrector o el asesor cuando la termines y por ultimo -definitivo- lo hará el público cuando te lea o te escuche...
Siempre, como buen periodista, al filo de la navaja...
Para algunos, andas sin rumbo, a medio camino de la literatura, bajo sospecha, con no sé que osadía pecaminosa, y no te darán la oportunidad de demostrar lo contrario ni hará falta, porque esos lo saben todo y se solazan con su sapiencia... Usted enorgullézcase de su humildad, de ser un eterno aprendiz de la vida. Y siga.
Unos le perdonarán las carencias, porque el pobre... es sólo un periodista; pero nunca se las perdone usted. Otros querrán desollarlo vivo, porque piensan que el periodista es un mataburros andante, ¿Cómo es posible que ignore semejante cosa... si es un periodista?
Si alguna vez debes tomar la pluma como un fusil y las palabras se te vuelven balas, no esperes a vuelta de correo una postal de felicitación. Tendrás que asumir las réplicas y las contrarréplicas, las de afuera y las de adentro... Y sabrás que las verdades tienen dos perros de presa, misteriosos y constantes: la forma y el momento...
Para los tocados, nunca llegas a la forma exacta de expresión. Y la búsqueda del momento adecuado se torna la de ciertas islas, la imaginaria de Tomas Moore: Utopía, o la ínsula reflejada de San Borondón: un espejismo. A veces la cosa se pone candente; pero no eres fabricante de abanicos ni uno de esos muñecos diseñados para inclinar la cabeza y volverla a inclinar.
Y te verás solo frente a los molinos, molido por sus aspas... pero el silencio no está en el diccionario de un periodista. Y tú lo eres. ¿no?...
Que ser periodista es tener voz, no ser vocero.
Si por el camino has errado, bendecirás si estás a tiempo de enmendar algunas líneas... pero si a pesar de todo te equivocas, querrás cavar la tumba con tus manos, ser El Torquemada de todos los periódicos, ¡que por Dios, hayan escuchado otra emisora!, ¡que no hayan encendido el televisor en el justo minuto!... pero nadie te salvará ni eres salvable, será tarde, no habrá remedio: ya habrás publicado tus errores... recuerda, por algo eres periodista.
Y errar es de humanos, no de periodistas.
Todos se fijarán si vas o si te ausentas. Si llegas tarde, cierta mirada fulminante puede erizarte los cabellos. Nadie se preguntará por qué; sólo saben que tienes que estar allí... sino, ¿para qué eres periodista?
Si a la salida de un concierto o de un estadio, de lo épico o lo íntimo, después de la conferencia y el brindis, te toca sentarte frente al micrófono o el teclado, te hallas en la mismísima antesala del infierno o la consagración... No escaparás. A los pocos minutos, al otro día, unos querrán conocerte, darte la mano, aplaudirte... y otros querrán crucificarte.
No te asustes, no vayas a posarte en una nube, si te alaban -recuerda a Matías Pérez-. No te calces los guantes de boxeo, se discrepan. Nunca olvides que ellos no puedes multiplicar sus opiniones, que ellos son simples mortales... Y tú, tú eres un periodista...
Paciencia, cuando te hagan volver, porque justo ahora están muy ocupados. Ellos trabajan y tú... ¡caramba!, con esas preguntas. Recuerda que nadie es dueño de los temas y las verdades, que te esperan 20 líneas en primera plana, te toca reflejar en un minuto... todo un festival.
Recuerda que unas puertas se abren y otras... hay que derribarlas.
Entrevistar es beber de un suspiro el aliento de la vida. Y te asombrarás, te sumergirás en muchas, hasta mejorar la tuya propia.
Ser periodista es hacer el amor con las palabras, intentarlo.
Y también una central telefónica: conecta aquí, luego allá y enseguida en otro sitio... Sin embargo, no me crean, después de quince años de trabajo estoy averiguando todavía que es ser periodista...
Mientras tanto me veo asomado, sujetándome el pecho con las manos, a esas pequeñas cunas que intentan asir a la vida a unos seres afectados por un zarpazo del destino y no me atrevo a mirar los ojos de las enfermeras; acompaño casi en madrugada al actor Adolfo Llauradó sin saber que aquella conversación desoladoramente sincera será la ultima entrevista; subo a lomo de mulas a la Escondida de la Virgen, que ya el nombre lo dice todo, para saber que en pleno siglo veintiuno todavía hay gente que tiene el alma limpia como arroyo de la Sierra; beso a una Reina y hasta me atrevo a pedirle una canción sólo para mi, ¡ay, Elena... Duele mucho, duele tu ausencia!...
Traspaso la barrera, tomo los prismáticos y se hunde como una ponzoña el mástil de barras y estrellas en la tierra usurpada de Guantánamo; siento el frió templado del río Bío Bío y el legado Caupolicán cuando escucho los poemas de una india mapuche cuyo nombre Rayen Kuyeh, como en los viejos tiempos, significa Luna de los primeros brotes; beso a la anciana Gardenia, porque no tengo otra cosa en mis palabras y aún busco explicaciones para saber con que manos arranca a la montaña sus granos de fuego, con que amor anda curándose la muerte de su hijo; sigo las huellas de La Lupe, intento destejer esa vida que llegó del barrio olvidado de San Pedrito a la fama universal.
Cruzo la alfombra de pinos, abro la cancela para encontrarme con una mujer fuera del tiempo, Dulce -amante de un faraón-, María -la clavel de trapo-: abrazo a un enfermo de ese virus letal que me entrega una revelación como una pedrada. Cuando me entere... fue como intentar saltar un abismo y no encontrar la otra pared; asistió al vuelo de Fénix de Ana Fidelia Quirot y miro sus ojos, del bisturí y los algodones al oro mundial; y todavía me pregunto como persiste aquel domador de fieras, que se abre la camisa al cuerpo cruzado de costuras y mira con ternura a los leones...
Todo es cuestión de amor.
Apenas una recomendación: si el destino le reserva la terrible ocasión de asistir al funeral de un amigo o un conocido, acúseme de humor negro si quiere, pero lleve preparadas algunas palabras, o échese a correr... porque usted, si usted es periodista, será el elegido.
Al fin y al cabo, no importa si vas de agenda, grabadora, o de manos vacías; si es un funeral o un homenaje, si vas de bailador o doliente, si has decidido hoy deja el mundo atrás; porque alguien te llamará a la cordura, la realidad te dará el campanazo, porque usted ha perdido su nombre y lo ha ganado; porque usted mi amigo, es eso: UN PERIODISTA.
jueves, 27 de junio de 2013
Lo que ES, lo que FUE y lo que DEBERIA SER... La Radio!
Aproveche de montar este pequeño ensayo sobre la radio en Venezuela que realice hace un tiempo el día de hoy debido a que es el Día Nacional del Comunicador Social y el Periodista en Venezuela, y me encanta la magia de la radio ahora mas que en el momento que escribí esto y ya en ese momento tenia en mente muchos proyectos para mejorarla. Por el rayo de esperanza que esta representa en mi y algunos de mis futuros colegas lo comparto hoy.
"...en la radio era absolutamente imposible pensar que se iba a hacer otra cosa diferente a poner un disco. Y ya vez que se hizo de todo." Napoleón Bravo.
El surgimiento de la radiodifusión en Venezuela fue el hecho mas importante a nivel de comunicaciones en la historia, ya que despertó el interés por la cultura y la educación con el resto del mundo. En Hispanoamérica el analfabetismo tiene alto porcentaje y para recibir el mensaje que transmite la radio no es necesario saber leer por lo que a todos ellos llegaba la información.
La radio se ha enfocado en el entretenimiento de los diferentes gustos de la sociedad, ofreciendo programas de música clásica, urbana, rock entre otros, al igual que programas de historia, tecnología, deportes y (sobre todo hoy en día) política.
En lo personal, se me hace tediosa la garrafal e innecesaria habladuría política que ha invadido todos los medios nacionales, la cual va desde chistes hasta discusiones que perjudican a los medios mismos, ya que van tocando temas fuertes como si fueran agua.
"Todo cambia, todo se transforma..." Heráclito.
A la par con la población radioescucha, el medio ha dejado atrás esa época represiva, los tabúes y los protocolos excesivos para permitir la entrada de los temas que nos importan e interesan a cada una de las personas de los venezolanos, se ha ampliado el repertorio de opciones para los oyentes entre programas y emisoras, aunque la calidad ha decaído mucho debido a los circuitos, los cuales permiten la repetición de un programa impidiendo la producción individual de cada estación. la gran cantidad de programas de opinión es un gran avance ya que sino me gusta la opinión o el estilo de Chataing me cambio de emisora y tengo a Samuel Hidalgo o a Erica de la Vega o cualquier otro locutor, sobre cualquier otro tema, u opinión.
"...la radio es mas que un esquema; tienes un contacto con el publico. la gente que te oye siente que forma parte de un grupo que escucha el programa, te identifican con el." Ely Bravo.
Mi mama solía contarme acerca de un programa que oía en su juventud, "El Sargento Full Chola" con el locutor Juan Manuel La Guardia, según me contaba, el programa ayudaba a sobrellevar las colas de caracas con un humor y realidad que hacían a mas de uno reír hasta llorar. Juan Manuel se encargaba de transmitir el estado vial desde un helicóptero y mientras solía imitar a diferentes estereotipos de la sociedad venezolana, un chichero que pasaba por la calle o la chica que le sonreía. Programa que según ella recuerda, aun hoy no tiene comparación.
El sonido a mejorado muchísimo obviamente en el paso de la frecuencia de am a fm se acorto la distancia pero se mejoro la calidad, sacrificio normal de cantidad por calidad, pero su adentramiento recientemente en el internet le ha abierto las puertas que le había cerrado la televisión, al punto de, en un futuro no muy lejano, poder competir a la par por ese espacio que se les había arrebatado casi del todo.
"...en la radio lo esencial es definir a quien quiere dirigirse." Rodrigo Troconis.
Para orientar mejor los programas, siguiendo con La Ley de Responsabilidad en Radio y Televisión, existen horarios supervisados que permiten dividir la programación por los temas acorde al publico posible al que llegara el mismo.
Cada emisora es responsable de su propia programación, y debe ser el reflejo de la ciudad donde se encuentra. Para ello, tanto el Director de la estación, el Gerente de Operaciones y el Vice Presidente de Operaciones son los que deben "crear" y ensamblar los espacios de radio que reflejen las necesidades de cada ciudad... al final los radioescuchas "deciden" con su preferencia al momento de las encuestas y estadísticas...
"...todo programa o programación jamás es anodino ni carente de contenido. Todo programa influye en la mente de los oyentes; música, cuñas, comentarios... todo se consume masivamente y tiende a fomentar en el receptor una actitud acrítica y a consolidar una serie de valores y pautas de comportamiento." Javier Vidal.
La radio, como medio de comunicación, debería ser un productor de cultura, ética y educación, pero con la facilidad que tiene cualquiera de obtener un PNI y producir cualquier cantidad de basura ha reducido mucho la calidad, incluso si no se tiene conocimiento sobre la radio o sin siquiera tener la cultura general para manejar un tema sin caer en palabrotas u obscenidades, esto le ha quitado lo bonito del locutor excesivamente culto o interesante que lo hacia agradable al oído.
La brecha creada entre la AM y la FM se mantiene en pie aun, difícil seria ver a mi abuelo escuchando reggaetón o buscando en La Mega transmisiones de las carreras hípicas, mi mama hoy no escucha mucho la radio puesto a que no tiene tiempo de seguir una programación y cada vez que sintoniza algo al azar se encuentra con la música de moda que es denigrante para el genero femenino, canciones como "Micaela" o "la Quemona" entre otras cada vez peores, yo cuando mucho me meto en "La Jungla" los domingos por Wao 88.1, esta diferencia se encuentra en que la FM es mas comercial, mas juvenil.
"La radio en Venezuela desde un principio significó una esperanza." Oswaldo Yepez.
Completaría esa frase diciendo "y debería seguir siéndolo". pero con el régimen actual hemos vuelto a las épocas de Marcos Pérez Jiménez, ya que bajo el disfraz de la falta de cumplimientos de CONATEL han cerrado gran cantidad de emisoras solo por ser parte de la oposición.
Uno de los puntos mas resaltantes que deben cuidar las emisoras son las actividades que hoy realizan y como llevan a la práctica todas y cada una de las ideas para dar a la población una programación innovadora y no repetitiva para no perder el rating del cual se han adueñado, manejar nuevos estilos y adelantarse en aquellos campos que no se les han ocurrido aun. Deben darle mas provecho a la cualidad que tienen, el acceso directo a todos los destinatarios, en el trabajo, en el hogar, en el automóvil...
Patricia Zapata
22/02/2010
miércoles, 5 de junio de 2013
El mejor oficio del mundo - Gabriel García Márquez
Espero no meterme en problemas legales por publicar este texto pero es que no encuentro mejor manera de iniciar este blog sobre Comunicación y Periodismo que con las hermosas palabras del maestro colombiano Gabriel García Márquez en su "Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa".
Dedicare esta publicación a mis queridos ex-compañeros y futuros colegas. Amigos con los que compartí algún momento te mi carrera y que en estas semanas han estado presentando sus trabajos finales. A Luisa, a Antonio, a Orlando, a Lysaura, y con mucho cariño a Mysu, mi cómplice de carrera, mas que compañera fue un apoyo y hace unos días dio su gran paso de Bachiller a Licenciada...
Como ya les dije dedicare este espacio a la Comunicación y el Periodismo, carrera que he iniciado hace un tiempo y que espero finalizar para el año que viene. La iniciativa se da debido a la dificultad que existe para encontrar conceptos y ejemplos correctos y explícitos, espero que en este blog encuentren lo que necesiten sobre la carrera mas bella que he conocido, la Comunicación Social y que de no encontrar algo o tener dudas sobre algo consulten y aporten para aprender juntos "Sobre la marcha!"
Aquí les dejo el Discurso:
Espero que les haya gustado esto tanto como a mi... Es una de las mejores clases sobre la pasión por el periodismo que he leído. Si conocen de alguna otra incluso citas breves háganmelas saber y las publicaré... Saludos!
Dedicare esta publicación a mis queridos ex-compañeros y futuros colegas. Amigos con los que compartí algún momento te mi carrera y que en estas semanas han estado presentando sus trabajos finales. A Luisa, a Antonio, a Orlando, a Lysaura, y con mucho cariño a Mysu, mi cómplice de carrera, mas que compañera fue un apoyo y hace unos días dio su gran paso de Bachiller a Licenciada...
Como ya les dije dedicare este espacio a la Comunicación y el Periodismo, carrera que he iniciado hace un tiempo y que espero finalizar para el año que viene. La iniciativa se da debido a la dificultad que existe para encontrar conceptos y ejemplos correctos y explícitos, espero que en este blog encuentren lo que necesiten sobre la carrera mas bella que he conocido, la Comunicación Social y que de no encontrar algo o tener dudas sobre algo consulten y aporten para aprender juntos "Sobre la marcha!"
Aquí les dejo el Discurso:
A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.
La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.
Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.
No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.
Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.
Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.
Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma -sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.
Aun a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.
La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.
Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.
Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica -reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras- bajo la dirección de un veterano del oficio.
En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.
La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado -que escasas veces puede ser de más de una semana-, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.
Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnifico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.
Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.
Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.
Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.
Gabriel García Márquez
Patricia Zapata
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